29 de octubre
Un misterio llamado Jesús
¡Hola! Ayer quedamos en un momento increíble del misterio llamado Jesús. Muchas cosas habían vivido todos los que rodeaban a Jesús, pero lo que pasó en Betania superó todo lo anterior.
Dos veces, anteriormente, se contó que Jesús había resucitado a personas. Una fue cuando en Naín una viuda llevaba a su hijo a sepultar, y otra cuando Jairo había perdido a su hija por una enfermedad mortal. Pero en esos dos no había pasado tanto tiempo como en el caso de Lázaro, y a eso se le sumó el que hayan estado con él unos días antes y la cercanía por amistad.
Mucha gente de Betania, pero también de Jerusalén, habían ido a acompañar a Marta y María, y fueron los que presenciaron algo muy difícil de creer si no estás presente: el hecho de que una persona muerta vuelva así a la vida.
Y como sucede siempre, los seres humanos podemos reaccionar de dos formas ante la historia de Jesús: creyendo o rechazando, y esa vez no fue la excepción. Por un lado estaban María y Marta muy felices por la resurrección de Lázaro, y con ellas muchas personas creyeron en Jesús, pero muchos otros, a pesar de las evidencias, no quisieron creer.
Algunos de estos últimos, no solo no creyeron, sino que enseguida se fueron a Jerusalén a avisar a los sacerdotes lo que había sucedido. Entonces enseguida se juntaron para hablar sobre lo que harían para atrapar a Jesús. Decían: ese hombre sigue haciendo grandes señales y toda la gente creerá en él. Si todos creen en él, los romanos creerán que se están revelando contra ellos y vendrán y destruirán el templo y la nación judía.
En ese momento acordaron que Jesús, sí o sí, debía morir. En medio de toda esa gente estaba el Sumo Sacerdote. ¿Sabés que era el Sumo Sacerdote? Era la persona que Dios había establecido desde el tiempo de Moisés, y era la única persona, que una vez al año, podía entrar al lugar Santísimo del Tabernáculo primero, y del Templo después. Era una persona muy especial, que se presentaba delante de Dios para ofrendar a Dios por el pueblo. Los sumos sacerdotes eran las personas más importantes en el pedido de perdón a Dios.
Caifás, así se llamaba el Sumo Sacerdote de ese año, les dijo algo muy misterioso a todos los que estaban acordando la muerte de Jesús. Dijo: nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que una nación perezca. El lo dijo pensando en la conveniencia política y religiosa de que Jesús muera.
Pero la Biblia aclara, que Dios le estaba haciendo profetizar de que Jesús debía morir por los pecados del mundo, pues si él no entregaba su vida, no íbamos a poder tener la forma de ser salvos. Se necesitaba que un Cordero sin mancha sea entregado por todos, y ese Cordero, como más de tres años antes dijo Juan el Bautista, era Jesús.
Hoy podemos ver que ante las palabras de Jesús, o las muestras de su poder y amor, las personas reaccionaban de dos maneras: o creían o rechazaban. ¿De qué manera reaccionás cada día al escuchar las enseñanzas de Jesús? ¿De qué manera reaccionás cada día al escuchar los milagros y maravillas que hacía Jesús demostrando que él es Dios? Es más… ¿De qué manera reaccionás al saber que Jesús entregó su vida por vos, para salvarte?
Ayer vimos la pregunta que le hizo Jesús a Marta, que fue: ¿Crees esto? ¿Cómo reaccionás ahora a esa pregunta? ¿Creés o rechazás? Siempre vos elegís, siempre todos elegimos.
Aquellas personas, aunque vieron no quisieron creer. Un poco más adelante Jesús va a decir: Bienaventurados los que no vieron y creyeron. ¡Si! Muy, pero muy felices, serán los que no vieron y creyeron. Jesús desea que seas bienaventurado. ¿Crees esto?
Te invito a orar:
Querido Padre Dios, gracias porque mandaste a tu Hijo Jesús a morir por mí. Yo creo que Jesús es tu Hijo y creo que vos me amaste tanto que lo mandaste a entregar su vida por mi. Te pido que me perdones y que Jesús sea mi Salvador personal. Y aunque no lo vi a Jesús muriendo en la cruz, creo que lo hizo por mi. En el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡HASTA MAÑANA!