Un misterio llamado Jesús II

Miércoles 2 de septiembre

¡Hola! Ayer estuvimos viendo sobre el comienzo del mes de septiembre, mes de la Biblia y de la educación en nuestro país. También sobre lo que había pasado cuando Pablo y Silas estaban en Filipos, lugar al cual Dios los llevó, aunque ellos tenían planeado ir a otro lugar. Dios los usó para llevar su mensaje de salvación a muchas personas que necesitaban de Jesús y no desaprovecharon la oportunidad.

Pero algo pasó con la joven que fue liberada de un demonio. Vimos que ella era esclava del demonio pero también de sus amos, que aprovechaban a ese demonio que adivinaba y les daba mucho dinero. Cuando Pablo en el nombre de Jesús expulsó al demonio, los amos de la joven se quedaron sin su negocio que le daba mucha ganancia. 

Acá podemos ver algo que es muy importante que sepas. Mucha gente hoy ofrece por internet ayudarte a ver el futuro, ayudarte a descubrir quien es que te manda mala suerte o “malas vibras”, o como ganar dinero bien fácil confiando en su poder. En esos casos siempre está involucrado el mal y el dinero. Satanás busca continuamente engañar a la gente prometiendo dar lo que la gente busca. Pero todos los que ofrecen su ayuda solo buscan llenar sus bolsillos del dinero que estafan a la gente. 

Volviendo a la historia, nos cuenta que los amos se enojaron mucho por perder la ganancia que ella le daba adivinando. ¿Te diste cuenta que no se alegraron de que ella era libre, sino que solo les importó su negocio? Así actúan esas personas que insinúan que ayudan pero solo les interesa sacar dinero de los demás. Pero no solo no les importó la joven, sino que fueron contra Pablo y Silas, los detuvieron y los llevaron ante las autoridades. 

Los acusaron de alborotar la ciudad y de enseñar costumbres que no podían recibir ni hacer.  Las autoridades se enojaron mucho con Pablo y Silas. Esas autoridades ¿No se habían fijado que esos amos habían hecho adivinar bajo un demonio a esa joven? ¿No se fijaron que lo que sufría ella era terrible? Lamentablemente ni se molestaron en preguntar. Se ve que esos amos tenían influencia en el lugar y podían presionar a las autoridades.

La historia dice que esas autoridades se enojaron de tal manera que mandaron a azotar fuertemente a Pablo y Silas. Lo hicieron con varas, y después de azotarlos mucho los echaron en la cárcel, y le ordenaron al carcelero que los guarde con suma seguridad. El carcelero entonces los metió en el calabozo de más adentro y les aseguró los pies en el cepo. El cepo era un dispositivo de madera o metal que sujetaba los pies, las manos o la cabeza para inmovilizarlos. 

Ellos solo habían ayudado a la gente compartiendo el mensaje de salvación y liberando a la joven, pero aquellos hombres malos, con la ayuda de las autoridades, les dieron un castigo muy difícil de soportar y los metieron en la parte profunda de la cárcel. ¿Cómo crees que se sintieron? ¿Cómo te hubieses sentido vos? Creo que nos hubiésemos sentido terriblemente mal. 

Pero la historia continúa contando que en medio de la oscuridad de la cárcel, solo alumbrada por alguna antorcha en algún pasillo, se empezó a escuchar unas voces en todo el lugar. Eran Pablo y Silas, que estaban orando a Dios y se pusieron a cantar himnos, y todos los presos le oían. ¿Cómo podía ser que después de sufrir todo eso en vez de estar triste se pusieron a alabar a Dios? Pablo, como ya vimos, se alegraba de tener que sufrir por Jesús una pequeña parte de todo lo que Jesús sufrió por él. 

Es una lección hermosa para nosotros, que aunque pasemos por momentos de tristeza en nuestra vida, sepamos que Jesús nos entiende, pues él ya pasó por cosas aún peores para poder salvarnos, y desea llenar nuestro corazón de paz como lo hizo esa noche con Pablo y Silas. Mañana veremos qué pasó en esa celda. 

Te invito a que oremos juntos: 

Querido Padre Dios, gracias porque aunque a veces pasamos por momentos de dolor en nuestra vida, estamos totalmente seguros que nos comprendés, pues Jesús ya pasó por cosas peores al morir por nosotros. Ayúdanos siempre a descansar en vos y disfrutar de la paz como la que Pablo y Silas tuvieron esa noche en la cárcel. En el nombre del Señor Jesús, Amén.

¡HASTA MAÑANA!