Un misterio llamado Jesús II

Miércoles 5 de agosto

¡Hola! Ayer estuvimos reflexionando sobre cómo a pesar del peligro que era viajar o moverse en el territorio de Judea para los cristianos por la violenta persecución que sufrían del rey Herodes Agripa, Saulo y Bernabé se fueron de Antioquía llevando ayuda para todos los cristianos de Jerusalén, que la estaban pasando muy mal pues estaban perdiendo sus casas, trabajos y cosas a causa de la persecución.

Que bueno es que las personas dediquemos tiempo y fuerzas a ayudar a los demás y no a pelear o marcar diferencias. Vivimos un tiempo, como el que vivían ellos también, donde se ve mucha violencia. Ellos la tenían que soportar por la persecución por el hecho de ser cristianos. Nosotros, entre otras cosas, la vemos en las redes, tratando de convencer con mentiras, contra otras personas, y especialmente cuando se defienden valores cristianos.

En ese tiempo, donde Saulo y Bernabé iban con ayuda, el rey Herodes aumentó el maltrato sobre los cristianos al límite y mató a espada a Jacobo, el hermano de Juan, que era uno de los 12 apóstoles de Jesús, y como vió que eso le gustó a los judíos, mandó a meter preso a Pedro. La idea del rey era sacarlo a la gente en la pascua. Eso era un verdadero peligro, pues no olvidemos cuando Pilato sacó a Jesús al pueblo y el pueblo, animado por los sacerdotes, pidieron la muerte de Jesús.

Pero Herodes, que se creía que podía hacer cualquier cosa, no se imaginó lo que sucedió la noche anterior a entregar a Pedro a la gente. Pedro estaba en la cárcel, en el calabozo de más al fondo. Para llegar a él había que pasar cuatro líneas de guardias de cuatro soldados cada una. Y encima estaba sujeto con dos cadenas. 

En medio de la noche, Pedro siente que alguien lo toca y lo despierta. Luego le dice que se levante, lo cual era muy difícil por las cadenas, pero se dio cuenta que ellas cayeron al suelo y quedó libre. Entonces se dio cuenta que era un ángel que estaba allí, el cual le dijo que se ajuste la ropa y el calzado, y lo siga. 

Pedro pensó que todo era una visión, pues siguió al ángel y empezaron a pasar la primera guardia, y aunque los soldados estaban allí no los veían. Continuaron y pasaron las guardias como si nada y al llegar a la gran puerta de hierro de la cárcel que daba a la calle, ella se abrió sola. El ángel y Pedro salieron a la calle, y luego de que Pedro estaba seguro afuera, el ángel se fue. ¿Te imaginás cómo se sintió Pedro?

Ahí se dió cuenta de que no era una visión, sino que estaba pasando todo eso y que Dios había enviado a su ángel a liberarlo del rey Herodes Agripa y de los judios que querían su muerte. ¡Es maravilloso cómo Dios actúa! Ni siquiera la cárcel más profunda y custodiada del rey pudo evitar que Pedro fuera liberado, y ninguno de los experimentados soldados pudieron darse cuenta.

Hay un detalle más en esta historia que pasó al mismo tiempo, pero eso lo veremos mañana. Hoy podemos reflexionar sobre la seguridad que tenemos los hijos de Dios, es decir, aquellos que tenemos a Jesús como nuestro Salvador personal. No hay poder humano, por más grande que sea, que pueda hacernos algo si Dios no lo permite. Por alguna razón Dios permitió que Jacobo muera y se fuera a vivir eternamente con su amado Salvador y Maestro Jesús, pero no era aún el momento de Pedro, y nadie iba a poder cambiar el plan de Dios para él. 

¿Ya tenés esa seguridad en vos? ¿Ya pusiste tu vida en las manos de Jesús? Si aún no lo hiciste, ahora mismo pedile a Jesús que perdone tus pecados y pedile que entre en tu vida como tu Salvador personal, y de ahí en más empezá a vivir una vida de plena seguridad en él. 

Te invito a que oremos juntos: 

Querido Padre Dios, gracias porque otra vez vemos como tienes el poder de hacer cosas realmente milagrosas en los que creen en vos. Gracias porque muchos ya tenemos la seguridad de que nuestra vida está en tus manos y tu poder nos protege de todo peligro. Ayúdanos a compartir este mensaje tan maravilloso. En el nombre del Señor Jesús, Amén.

¡HASTA MAÑANA!