Un misterio llamado Jesús II

Lunes 6 de abril

Hola! Quedó atrás la semana santa y seguimos en un misterio llamado Jesús 2. Aunque van varios días de reflexiones, seguimos en el primer día de la resurrección de Jesús. Era ese mismo día domingo donde pasaron todas las cosas que vimos hasta ahora. 

Ya habían podido ver a Jesús resucitado María Magdalena, el grupo de mujeres, los dos que iban camino a Emmaús y los discípulos que estaban encerrados, pero que aún así Jesús entró sin abrir la puerta. 

En el último día quedamos en que Jesús al entrar sin abrir la puerta y aparecer de pronto, los discípulos quedaron paralizados. Jesús les dijo: paz a vosotros, pero como ellos pensaban que era un espíritu, les dijo que miren sus manos y pies, que no son de un espíritu, sino de carne y hueso. Pero aún así ellos no podían reaccionar. 

Entonces Jesús les dijo: ¿Tienen algo para comer? Me imagino que no habrá sido fácil para alguno de los discípulos reaccionar en buscar un pez asado que había sobrado y un poco de miel, pero se lo dieron y Jesús se puso a comerlos. Jesús estaba demostrando que seguía siendo un hombre de carne y hueso como cualquiera de nosotros, y al mismo tiempo Dios, por eso no necesitó abrir la puerta para entrar. 

Mientras comía, los discípulos se habrán tranquilizado y fueron entendiendo que el mismo Jesús que conocieron y compartieron todo durante los últimos tres años y medio, y que había muerto en la cruz, era el que estaba hablando con ellos como si nada hubiese sucedido. Aunque en realidad, todo su cuerpo tenía las marcas de lo que había pasado en los últimos tres días. No había sido un sueño o una pesadilla, todo era real. 

Entonces Jesús les dijo que recordasen que él ya les había dicho que todo eso tenía que suceder, para que se cumpliese lo dicho por Moisés, los profetas y los salmos, como ya hemos estado viendo un poco en los últimos días. 

En esta última semana en especial, mucho se ha dicho y escuchado sobre Jesús. Aun en las noticias se lo ha mencionado mucho. Mucha gente lo ha puesto en sus estados y redes. Y si bien eso está muy bueno, lo que más desea Jesús no es estar primero en tus redes, sino primero en tu corazón y después en tus redes. 

Jesús no se apareció donde estaba toda la gente, de hecho ni siquiera fue al templo de Jerusalén, donde estaban los sacerdotes que lo rechazaron, sino que fue al lugar cerrado y pequeño donde estaban los que lo amaban, aunque no podían reaccionar por el temor, la sorpresa y el gozo que tenían de verlo. ¡Jesús está vivo y desea vivir en tu corazón! ¿Ya lo dejaste entrar?

Te invito a que oremos juntos: 

Querido Padre Dios, gracias porque al comenzar esta semana de estudios vos me decís que deseas vivir en mi vida, en mi corazón. Gracias porque Jesús entregó su vida por mí y también resucitó venciendo a la muerte. Deseo que Jesús entre en mi vida como mi Salvador personal, por eso te pido que me perdones de todos mis pecados y me limpies de ellos. Gracias porque puedo contar con vos cada día de estudio. En el nombre del Señor Jesús, Amén.

¡HASTA MAÑANA!