Un misterio llamado Jesús II
Miércoles 6 de mayo
Hola! Ayer estuvimos reflexionando sobre el gran gozo que sintieron los alumnos discípulos de Jesús. Pero no podemos seguir la historia del misterio llamado Jesús sin parar un poco y pensar en que representó para ellos esos momentos. Pensemos entonces un poco en eso. Tres años y medio antes algunos de ellos estaban dedicados de lleno a la pesca, uno era recaudador de impuestos, otro hasta podía haber pertenecido a un grupo muy violento que pensaba que por la fuerza había que sacar al imperio romano y si hacía falta había que derramar sangre.
Pero a cada uno de ellos fue llamando Jesús, y a su llamado dejaron todo. Pasaron prácticamente junto a Jesús todos los días de los últimos tres años. Con Jesús al lado de ellos se acostumbraron a que cada día había mucha gente sanada, ciegos que veían, paralíticos que salían caminando y hasta muertos que volvían a la vida. Habían visto a Jesús caminar sobre el agua y hasta Pedro lo había hecho. Nunca pasaron necesidad, pues aunque fueran 12 para comer o 10000, Jesús hacía que la comida alcanzara para todos, y hasta sobrara.
Pero ahora Jesús se había ido, había regresado al cielo de donde había venido, como él mismo había dicho. Ahora, con una vida totalmente cambiada por Jesús, había que acostumbrarse a estar sin él. Podemos pensar que no habrá sido fácil para ellos poder habituarse a ese nuevo momento en sus vidas. Pero a pesar de todas esas cosas, ayer pudimos ver como Jesús preparó el corazón de cada uno y a pesar de todo eso que parecía difícil para sus vidas, ¡había gran gozo!
Posiblemente vos puedas sentir algo parecido a lo que podrían haber sentido los discípulos de Jesús. Tal vez te sientas solo, sientas como que lo que queres no lo tenés, o que los demás no te entienden. Pero ellos nos han dejado la receta perfecta para que podamos entender que nunca estamos solos, que siempre, siempre, siempre, podemos contar con Jesús.
Recordá, como vimos ayer, que esa receta es en primer lugar creer en Jesús como tu Señor, Dios y Salvador. En segundo lugar, conocer las enseñanzas de Jesús y obedecerlas. Y en tercer lugar, ir a donde se juntan los que creen en él y compartir de sus enseñanzas y orar juntos.
Eso hicieron los discípulos de Jesús, que como dice el libro de Hechos en el capítulo 1 eran unos 120 que se juntaron en Jerusalén después de que Jesús ascendió al cielo. 120 valientes deseosos de compartir el amor y la paz de Jesús, aun en medio de los momentos en donde los seguidores de Jesús eran perseguidos por ser cristianos. Pero el que tiene claro las tres cosas que vimos antes, no hay nada que pueda haber en esta tierra que quite ese gran gozo del corazón. ¿Estás dentro del grupo de los valientes que creen, siguen y obedecen a Jesús? Dale, animate. Pedile a Jesús que te perdone, que sea tu Salvador y que lo queres recibir como tu Señor y Dios.
Te invito a que oremos juntos:
Querido Padre Dios, gracias por el ejemplo que nos dejaron esos primeros 120 valientes, que te reconocieron como su Dios y Señor, que te obedecieron y compartieron juntos de tu amor, enseñanzas, oración y paz. Ayúdanos a que nosotros podamos ser así de valientes y disfrutar del gran gozo que ellos también disfrutaron aun en los momentos difíciles de sus vidas. En el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡HASTA MAÑANA!