Un misterio llamado Jesús II
Miércoles 10 de junio
¡Hola! Ayer estuvimos reflexionando sobre lo que le pasó a un hombre llamado Esteban. Él fue seleccionado junto a otros seis entre cientos, para ayudar a los apóstoles de Jesús. Esteban llevaba una vida de servicio a Dios lleno de fe y del Espíritu Santo, como dice en Hechos 6.
También estuvimos viendo cómo un grupo de encargados en una sinagoga convenció a gente para que mienta, sobornaron a otros para que también lo hagan, y si fuera poco, también a otras personas para que los apoyen contra Esteban. Todo muy feo, una verdadera vergüenza. Lo mismo que sucede cuando una persona convence a otros para ir en contra de quien sufrirá maltrato.
Pero podemos ver cómo en algunos momentos Jesús seguía haciendo cosas con su poder, aunque ya se había ido al cielo. Todo ese grupo de gente llevaron a la fuerza a Esteban delante del concilio. El concilio era donde se juntaban los más importantes religiosos para discutir o establecer las normas religiosas, o tomar decisiones.
Cuando pusieron a Esteban en medio de ellos, todos pudieron ser testigos de algo muy especial. Todos miraron con mucha atención a Esteban y dice la Biblia que vieron la cara de él como la cara de un ángel. Es extraordinario que Jesús hizo cosas magníficas cuando estuvo en la tierra, y luego de que volvió al cielo, lo hizo por medio de personas que entregaron su vida a él.
¿Qué fue lo que esas personas muy enojadas con Esteban vieron en él? Ninguno podía decir que no se dio cuenta. Todos esos hombres decían servir y seguir a Dios, y Dios les estaba dando una prueba que ellos no podían negar, pero aún así no quisieron creer. Repito no quisieron creer.
Posiblemente ahora no estés mirando una cara de ángel en las personas que te rodean, pero no olvides que un ángel es quien trae un mensaje de Dios. Cada día, de alguna manera, Dios te habla y hasta te demuestra cosas, pero posiblemente pensás que es por casualidad que las cosas buenas te pasan. Como dicen algunos dichos por ahí: no hay peor ciego que el que no quiere ver, y no hay peor sordo que el que no quiere oír.
Como todos aquellos religiosos, muchas veces elegimos cerrar nuestros ojos para no ver todo lo que Dios ha hecho por nosotros. O cerramos nuestros oídos para no escucharlo. Y aún peor: cerramos nuestro corazón para no creer en él. Dios, al mandar a su Hijo Jesús a entregar su vida por nosotros, ha abierto las puertas del cielo.
En Juan 10:9, podemos leer las palabras de Jesús: Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; ¡Si! Jesús es la puerta a la salvación, es el camino al cielo. ¿Vas a hacer como los hombres del concilio que decidieron cerrar sus ojos, sus oídos y su corazón a Dios? Jesús es la puerta que ahora está abierta. De hecho, cuando Jesús entregó su vida en la cruz la entregó con sus brazos abiertos, pues con ellos quería alcanzar a todo el mundo.
Te invito a que oremos juntos:
Querido Padre Dios, gracias porque aunque muchas veces no prestamos atención, vos continuamente nos das muestras de tu amor. Hoy podemos entender que muchas veces cerramos nuestros ojos, oídos y corazón para no escuchar tus palabras y nos perdemos la oportunidad de tener el perdón y la vida eterna en Jesús. Pero ahora quiero abrir mi corazón y pedirte que me perdones y que Jesús sea mi Salvador personal, y disfrutar de la vida eterna y compañía tuya. En el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡HASTA MAÑANA!