Un misterio llamado Jesús II

Jueves 13 de agosto

¡Hola! Ayer estuvimos reflexionando sobre lo que sucedió al llegar Pablo y Bernabé a Antioquía de Pisidia, que no era la misma Antioquía de donde habían salido. Nos detuvimos a pensar en una palabra: exhortación, y vimos que combina dos términos griegos y por eso da una idea doble. 

Uno de esos términos significa llamar a alguien a nuestro lado para alentarlo y animarlo, y el otro significa llamarle la atención a alguien y si hace falta hacerlo con vehemencia. Muchas veces necesitamos que nos llamen la atención con mucha firmeza, pues sino no nos damos cuenta de la importancia de no volver  a cometer ese error.

Continuando con la historia nos encontramos con el primer sermón, que se escribe en la Biblia, de Pablo.  Los principales de la sinagoga le dijeron si tenía alguna exhortación para decir luego de leer sobre la ley y los profetas, todo del antiguo testamento, pues aún no se había escrito el nuevo.

Y Pablo comenzó con la primera parte de una exhortación, que consta en acercarse a las personas y animarlas. Les empezó a hacer recordar cómo Dios siempre estuvo cerca del pueblo de Israel. Cómo los sacó de la esclavitud de Egipto, luego como los soportó en el desierto durante 40 años y finalmente les entregó la tierra prometida sacando de ella todos los intrusos.

Continuó recordándoles como por 450 años les dio jueces hasta Samuel, les permitió al rey Saúl y les dio al rey David. De a poco iba pasando de animarlos a mostrarles en que debían cambiar. Les dijo que de la descendencia del rey David, conforme a lo que dijeron las profecías, Dios mandó al Salvador, de quien Juan el bautista avisó con claridad sobre que él ya estaba entre nosotros. 

Y vinieron las palabras directas a todos diciendo: nuestro pueblo en Jerusalén y los gobernantes no reconocieron a Jesús ni las palabras de las profecías que leemos todos los días como este, y se pidió que fuera crucificado, cumpliendo así esas mismas profecías.

Y siguió diciendo: Jesús estuvo en un madero, en una cruz, y aunque estuvo en un sepulcro se levantó de la muerte, y se apareció durante muchos días a muchos testigos. Y ahora nosotros les anunciamos que Dios ha cumplido su promesa al enviar a Jesús a morir y resucitar por nosotros.

¿Te diste cuenta que el mensaje de Pablo es muy parecido al que vemos todos los días? ¿Cómo reaccionó la gente al escuchar que su pueblo había rechazado al enviado de Dios? Mucha gente al terminar saliendo de la sinagoga, le pedían a Pablo y Bernabé que se quedaran para poder escucharlos el próximo día de reposo, una semana después. 

El mensaje de Dios que dio Pablo fue bien recibido en general, pero… ¿cuántos decidieron cambiar? ¿Cuántos creyeron que Jesús es el Salvador prometido? Eso, lamentablemente también es parecido a lo que sucede actualmente. Mucha gente simpatiza con el mensaje de Jesús, pero no quiere abrir su corazón a él. Les gusta la parte que da ánimo, pero no quiere escuchar la parte donde debemos cambiar. 

Les gusta escuchar del amor de Dios, pero no quieren escuchar sobre el juicio de Dios, y no entienden o no quieren entender que el amor y el juicio van juntos, pues Dios debe ejecutar el juicio sobre toda persona y ofrece el regalo de su amor que es su Hijo Jesús. ¿De qué lado estás? ¿de los que solo escuchan, o de los que decidieron abrir su corazón a Jesús?

Te invito a que oremos juntos: 

Querido Padre Dios, gracias porque nuevamente nos estás exhortando. Gracias porque otra vez nos haces ver como nos amas y mandaste a tu Hijo Jesús, y también que un día tendrás que ser el juez justo para condenar a todo el que no ha querido tu perdón en Jesús. Ayúdanos cada día a compartir esa exhortación con los que nos rodean. En el nombre del Señor Jesús, Amén. 

¡HASTA MAÑANA!