Un misterio llamado Jesús II
Martes 16 de junio
¡Hola! La semana pasada estuvimos reflexionando sobre lo que le pasó a Esteban. Vimos cómo fue seleccionado por su fe en Jesús, y cómo el Espíritu Santo llenaba su vida de una manera muy especial, como él hace con todos los que aman a Jesús y entregan toda su vida a Él y viven por fe.
Vimos también cómo fue tomado por los principales religiosos y cómo aprovechó para dar una real lección de historia sobre lo que sucedió en el antiguo testamento, pero que todo llevaba a Jesús. Y al remarcar como se había rechazado todo lo dicho por Dios y los profetas enviados por él, ellos se enojaron de tal manera, que con violencia lo sacaron del lugar y lo llevaron afuera para apedrearlo.
En medio de ese momento tan dramático, Dios le concedió algo maravilloso: pudo ver Esteban el cielo abierto, y en él a Dios Padre y a su Hijo Jesús. Fue tan impresionante esa experiencia para él que en vez de lamentarse por las piedras que impactaban en él, le pidió a Dios que no tomara en cuenta el pecado de los que lo estaban matando.
Vimos que aunque Esteban fue muerto, él pudo experimentar lo importante que es tener a Jesús en su vida, y la tranquilidad de saber que después de sufrir acá en la tierra, como le pasó a Jesús, le espera una eternidad de felicidad sin límite en el cielo junto a su Salvador. Pero los religiosos, apoyados en sus creencias y egoísmo religioso solo seguían cargando sobre ellos cargas que se vuelven insoportables de llevar.
En la historia que vimos se repite dos veces el nombre de una persona que hace su aparición en la historia bíblica. Ese hombre se llamó Saulo. Primero dice que le llevaron la ropa de Esteban y se la pusieron delante de él, y después que Saulo apoyaba la muerte de Esteban.
Ese mismo día fueron a presionar a todos los que creían en Jesús que estaban en Jerusalén y empezaron a irse para toda la región, excepto los apóstoles. Y Saulo iba casa por casa buscando a los creyentes en Jesús y se llevaban hombres, mujeres y niños, y los metían presos en la cárcel.
Toda esa gente que se fue de Jerusalén, iba por toda la provincia de Judea y la de al lado, Samaria, predicando de Jesús. Es asombroso que aunque los religiosos los perseguían para que se vayan, ellos aprovechaban por donde iban para compartir el mensaje de Jesús. Jesús les había dicho que iban a venir días difíciles para los creyentes por la persecución, pero también les dijo que no tengan miedo, pues Él ya venció al mundo.
Todas aquellas personas confiaban en Jesús de todo corazón. Ya sean los que se fueron de Jerusalén, o los que estaban presos en esa ciudad. Cada uno sabía que los poderosos podrían hacerlos salir o meterlos presos, pero que ninguno podía quitar de sus vidas la paz de saber que su eternidad estaba en el cielo con su Salvador Jesús. Esteban había sido un ejemplo de ánimo para todos ellos, a pesar de lo que había sucedido con él.
¿Vos ya tenés esa tranquilidad en tu vida? Debemos entender que es bueno buscar la tranquilidad en esta vida, pero lo que realmente nos da paz y tranquilidad al alma es estar salvos en Jesús. Ya sabes como hacerlo: pedile a Jesús que te perdone y pedile que sea tu Salvador personal. Luego trata de vivir una vida de fe en él.
Te invito a que oremos juntos:
Querido Padre Dios, gracias porque al empezar una nueva semana de estudios podemos volver a pensar sobre la importancia de lo eterno sobre lo pasajero. Cada día te pedimos que nos ayudes a tener un buen día, pero gracias porque muchos ya tenemos asegurada una eternidad llena de felicidad contigo en el cielo por tener a Jesús como Salvador. Ayúdanos a compartirlo con los que aún no te tienen como Señor. En el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡HASTA MAÑANA!