Un misterio llamado Jesús II
Viernes 19 de junio
¡Hola! Ayer estuvimos reflexionando sobre lo que sucedió con Simón el mago, quien quiso comprar el don de Dios en tener el Espíritu Santo en su vida. Dios no es hombre para intercambiar algo por dinero, Él sólo concede las cosas a los que van a él con fe. Dios busca quienes de corazón crean y confíen en él, y no hay nada en venta en el reino de los cielos.
También estuvimos viendo como Felipe estuvo hablando de Jesús en Samaria y muchas personas aceptaron a Jesús como salvador. Entonces un ángel de Dios le dijo que vaya a un camino más al sur que va de Jerusalén a Gaza. Si lo buscas en el mapa actual, te vas a dar cuenta que es una zona que está en guerra.
Felipe, en Samaria, estaba rodeado de mucha gente que lo seguía por todos lados y Dios hacía grandes milagros por medio de él, pero ahora lo mandó a un camino desierto. Me imagino a Felipe saliendo de en medio de la multitud, donde muchos le agradecían lo que hacía por ellos, y de pronto se tuvo que ir, porque Dios se lo pidió y se encontró en un camino que no pasaba nadie.
Son esos momentos donde nos preguntamos porque Dios nos pide semejante cosa. Pero debemos aprender que muchas veces Dios hará cosas en nuestra vida que no podemos entender, pero te puedo decir con total seguridad, que siempre Dios tiene algo preparado para nosotros.
Es notable ver que apenas el ángel le dijo que vaya, Felipe dejó todo y fue. Ese es el primer paso para que Dios haga algo especial en tu vida, y es confiar y obedecer lo que él te pide. No parecía lógico dejar la multitud e ir a un camino desierto, pero Dios tenía algo especial preparado.
Cuando Felipe estaba en ese camino desierto vio que venía un carro del lado de Jerusalén. Era un funcionario de un reino de África, una persona que había recorrido más de 1000 kilómetros para ir a Jerusalén, y según el relato de Hechos 8 había ido allí a adorar. El hombre venía en su carro leyendo el libro del profeta Isaías. El Espíritu de Dios le dijo a Felipe que se acerque al carro, el cual iría a paso de hombre, y que vaya junto a él.
Entonces Felipe se dio cuenta que estaba leyendo al profeta Isaías pues leía en voz alta, y le preguntó si entendía lo que leía. El hombre le respondió que no, pues nadie se lo explicaba. Y luego le pidió a Felipe que subiera y se sentara con él y lo ayude a entender lo que leía. Hoy no tenemos espacio para ver que sucedió en ese diálogo a continuación, pero sí para terminar esta semana con una reflexión final.
Los que tenemos a Jesús en nuestro corazón, como Felipe, tenemos dentro nuestro al Espíritu Santo. Él es quien muchas veces mueve nuestro corazón para que nos acerquemos a alguien. Ese alguien puede ser un compañero de estudios, familiar o amigo que necesita algo de nosotros. Vivimos tiempos donde a mucha gente no le interesa ver si los que nos rodean necesitan algo, pero el Espíritu Santo nos ayuda a observar y darnos cuenta si prestamos un poco de atención.
Felipe primero tenía que caminar junto al carro. Muchos pueden necesitar simplemente que estemos a su lado. Podes ver si hay algún compañero/a en la escuela que está solo/a en el salón o en el recreo, y simplemente podés sentarte al lado, y como hizo Felipe, observar lo que hace o dice y poder entablar una conversación, que puede ser muy simple, pero de mucha ayuda a la otra persona. Dios te puede usar si estás dispuesto como Felipe y ser de gran ayuda para otros.
Te invito a que oremos juntos:
Querido Padre Dios, gracias porque podemos ir terminando otra semana de estudios. Es buenísimo ver como guiaste a Felipe a aquel lugar donde iba a haber alguien que necesitara su ayuda. Yo también quiero ser de ayuda a los demás, por eso te pido que uses mi vida para ayudar a mis compañeros y familia para lo que necesiten. En el nombre del Señor Jesús, Amén.
¡BUEN FIN DE SEMANA!