Un misterio llamado Jesús II

Martes 23 de junio

¡Hola! Ayer empezamos la semana de estudios con lo que sucedió entre Felipe y el funcionario del reino de África, el eunuco que había ido a Jerusalén a adorar a un Dios que no conocía, pero en el diálogo con Felipe y la lectura de Isaías 53, pudo conocer que el verdadero Dios es Jesús. Ese hombre que había hecho cientos que kilómetros para adorar a un desconocido, volvió a su casa gozoso, por haber entendido y creído en el único Dios verdadero.

Felipe continuó predicando de Jesús por toda la región. Pero había alguien a quien conocimos la semana pasada que seguía haciendo desastres en las familias que creían en Jesús. ¿Te acordás cómo se llamaba? Su nombre era Saulo. Él seguía con el deseo de meter presos a los creyentes en Jesús y aún más, pues los amenazaba de muerte. Saulo fue al sumo sacerdote y consiguió unas cartas especiales que lo autorizaba a meter presos a los seguidores de Jesús.

Entonces se fue hacía una ciudad llamada Damasco, para apresar y traer a Jerusalén detenidos a todos los creyentes que encontrara allí. Cuando iba de camino hacia Damasco, lo rodeó de pronto un resplandor del cielo y se cayó en tierra. Ahí escuchó una voz del cielo que le dijo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y Saulo le respondió: ¿Quién eres Señor?

Esa voz del cielo le respondió: Yo soy Jesús a quien tú persigues. ¡Qué sorpresa para Saulo! El pensaba tener el poder que daban esas cartas dadas por el sumo sacerdote e iba a tomar presos a todos los cristianos, y se encontró justamente con la persona que todas esas personas servían. La mente de Saulo estaba centrada en que creía que él servía a Dios y que debía matar a los cristianos. 

Pero ahora se había encontrado con un hecho totalmente fuera de lo natural. Nadie va por un camino y una luz del cielo da un resplandor y lo envuelve. Y además, con suma claridad, escuchó esa voz que le dijo que era el mismísimo Jesús a quien él rechazaba de todo corazón, y ese rechazo lo llevó a perseguir a muerte a los creyentes. 

Es notable que Saulo no le preguntó quién era, sino que le dijo: ¿Quién eres, Señor? Sabía que quién hablaba con él no era una persona común. Seguramente había escuchado que los apóstoles de Jesús habían dicho que Él había resucitado, pero seguramente él no le había creído. Ahora la voz del cielo le estaba diciendo que era Jesús. ¿Cómo podía reaccionar? ¿Qué haría Jesús con él? 

Jesús, cuando estuvo en la tierra, fue una persona como cualquiera de nosotros, pero no pensaba ni reaccionaba como lo hacemos las personas. Cualquiera se hubiera vengado de Saulo, pues estaba haciendo mucho daño a los cristianos. Pero Jesús siempre ha dado una oportunidad de creer y cambiar a todas las personas. 

De hecho, cada día lo hace con vos y conmigo. Primero desea que podamos entender que el pecado nos separa de Él. Luego que está dispuesto a perdonar nuestros pecados si creemos en él y aceptamos su perdón. Y para los que ya creemos en él, él no desea castigarnos cuando pecamos, sino que podamos entender que cuando volvemos a pecar, si bien no vamos  a perder la salvación, sí nos perdemos de sus bendiciones y su dirección.

Te invito a que oremos juntos: 

Querido Padre Dios, gracias porque otra vez nos muestras tu amor por cada uno de nosotros. Gracias porque eres un Dios justo y también amoroso. Gracias porque nos das la posibilidad de aceptar el perdón de  nuestros pecados y tu salvación. Ayúdame a aprovechar tu ofrecimiento y dedicar mi vida a vos. En el nombre del Señor Jesús, Amén.

¡HASTA MAÑANA!