Un misterio llamado Jesús II

Miércoles 24 de junio

¡Hola! Ayer estuvimos reflexionando sobre cómo Saulo había conseguido unas cartas del sumo sacerdote que le daban el poder ir por donde quisiera y meter preso a cualquier seguidor de Jesús, sea hombre, mujer o niño. De esa manera fue a Damasco a apresar a todos los cristianos, pero en el camino se le apareció una luz del cielo y lo rodeó un resplandor. 

Al instante se dio cuenta que lo que estaba sucediendo era algo muy especial. Saulo conocía el antiguo testamento a la perfección, y por lo tanto sabía que esas cosas pasaban cuando Dios se presentaba de una manera especial a los seres humanos. Por eso al preguntar dijo: ¿Quién eres, Señor?   Ahí la respuesta lo dejó aún más sorprendido: Yo soy Jesús a quien tú persigues. 

Jesús se le presentó personalmente, aunque ya habían pasado unos  meses desde que se había ido al cielo, y le dejó bien en claro que lo que le haga a cualquier creyente en él, se lo estaba haciendo a él. Muchas  veces hemos hablado sobre el problema de molestar a los demás o hacerles daño. Todas las personas son creación de Dios, por lo tanto cuando le hacemos un daño a una persona se lo estamos haciendo a Dios, y es peor aún si se lo hacemos a algún hijo de Dios, es decir, un creyente en Él.

Saulo estaba escuchando la voz de Jesús temblando y muy temeroso, y dijo: ¿Qué quieres que yo haga? ¿Qué habrá pensado Saulo sobre lo que Jesús le iba a contestar? Saulo le había hecho muchísimo daño a los seguidores de Jesús, y según el pensamiento del mismo Saulo, él merecía la muerte. Pero Jesús le estaba dando la oportunidad de su vida, como vimos ayer que nos la da a todos cada día, el tema es si sabemos aprovecharla o no.

Jesús le dijo: levántate del suelo y entra en Damasco y allí se te dirá lo que debes hacer. Saulo no iba solo, sino que era acompañado por unos hombres. Ellos escucharon la voz que hablaba con Saulo, pero no podían verlo como Saulo sí podía hacerlo. Pero al levantarse del suelo, abrió los ojos y no veía, había quedado totalmente ciego. Los hombres lo llevaron hasta la ciudad y allí estuvo tres días sin poder ver, y no quería comer ni beber nada.

Entonces Dios habló a un hombre llamado Ananías y le dijo que vaya a la calle que se llama Derecha y busque en la casa de Judas a uno llamado Saulo de Tarso. Ananías le respondió: Señor, he escuchado todo lo que ese hombre le hace a los creyentes y acá tiene autoridad por las cartas que tiene para apresar a todos lo que quiera. Pero Dios le respondió: Andá, porque será muy útil para predicar mi nombre a muchas personas.   Y Ananías obedeció a Dios y fue a donde le dijo.

Mañana veremos que sucedió en el encuentro entre Ananías y Saulo, pero que bueno es reflexionar el día de hoy sobre como Jesús nos enseña que no debemos hacer discriminación de nadie. Aún la peor persona puede cambiar si realmente reconoce su pecado y acepta el perdón de Dios, y Jesús cambiará el corazón para siempre. Saulo había hecho cosas muy malas contra Dios, pero Dios le dio una oportunidad que Saulo iba a aprovechar. Saulo ya estaba orando, aun en su oscuridad pues no podía ver. 

La Biblia dice que somos ciegos espiritualmente cuando no tenemos a Jesús. No podemos ver la realidad de lo que nos sucede que es el resultado de nuestros pecados, y esa misma ceguera no nos deja ver que Jesús verdaderamente nos ama y entregó su vida por nosotros.  Por eso ahora mismo, podés orar a Jesús y decirle que te perdone, aunque aun estes ciego espiritualmente o no puedas ver o entender con claridad. Animate y pedile que te perdone y sea tu salvador, y empezarás a ver realmente. 

Te invito a que oremos juntos: 

Querido Padre Dios, es hermoso ver como tu amor va más allá que nuestros pecados y nos das la oportunidad de aceptar tu perdón. Ahora quiero orar, como hizo Saulo, y pedirte que me perdones y que Jesús sea mi Salvador. En el nombre del Señor Jesús, Amén.

¡HASTA MAÑANA!